¿Por qué Goldman Sachs financió una startup de conciliación contable fundada en Barranquilla?
La respuesta explica cómo se valora una empresa cuyo 90% del valor es intangible y por qué esa lógica todavía no llegó al mercado de capitales colombiano.
Es una historia sobre una brecha de capital que el ecosistema colombiano todavía no ha cerrado, y sobre lo que eso implica para el siguiente ciclo de inversión.
Addi lleva ocho años construyendo lo que a primera vista parece una fintech de crédito al consumo. No lo es. Es un motor de datos: cincuenta terabytes de información sobre comportamiento de compra acumulados en más de diez mil millones de eventos transaccionales. Ese activo es irreplicable en el corto plazo por cualquier banco tradicional, no por falta de capital sino por falta de tiempo y de escala.
El resultado: US$1.020 millones en capital comprometido entre equity y deuda, ingresos anuales recurrentes superiores a US$200 millones con márgenes que superan los de Nubank según análisis del sector, seis trimestres consecutivos rentable y presencia en el 94% de los municipios del país con 2,7 millones de clientes activos y 33.000 comercios aliados. En abril de 2026, J.P. Morgan firmó una línea de crédito estructurada de US$130 millones —la más significativa que un banco global haya otorgado a una fintech colombiana.
El 47% de los usuarios de Addi no tiene tarjeta de crédito. La alternativa anterior era el gota a gota. Frente a eso, Addi compite con la informalidad financiera, no con los bancos, y en ese mercado no tiene competidor real. Eso lo vio Andreessen Horowitz en rondas tempranas. Eso lo vio GIC, el fondo soberano de Singapur. Eso lo vio J.P. Morgan. Los fondos locales llegaron tarde o no llegaron.
"Addi no compite con los bancos. Compite con la informalidad financiera. Y en ese mercado no tiene competidor real."
Simetrik se enfocó en resolver un proceso lento, manual, costoso en horas y universalmente odiado, asociado a todos los departamentos de finanzas del mundo. Aquel que consiste en cruzar millones de transacciones entre sistemas distintos para confirmar que los números cuadren. Lo resolvió una startup colombiana al concentrarse en un aspecto del mundo empresarial que ni Oracle, ni SAP atendían y consistía en entender que América Latina tiene estructuras financieras fragmentadas, volúmenes transaccionales masivos en fintechs, y velocidad de cambio regulatorio alta. En ese contexto específico, para el cual no había una solución, ya que las multinacionales tienen soluciones rígidas diseñadas para mercados homogéneos, se originó la oportunidad para Simetrik.
El resultado es una plataforma que hoy procesa más de mil millones de registros diarios en más de cuarenta países (incluyendo Asia y África) sin que sus clientes necesiten escribir una sola línea de código. Sus clientes son MercadoLibre, Nubank, Itaú, Santander, Falabella y Femsa. Goldman Sachs lideró su Serie B. El total levantado supera US$118 millones y la compañía creció 105% en 2024.
La fortaleza de Simetrick radica en su diseño. Cuando una empresa ancla su operación financiera en la plataforma, migrar implica meses de riesgo operativo. El nivel de retención de clientes que eso produce, un NRR típicamente por encima del 100% en SaaS B2B como este, es exactamente la métrica que Goldman Sachs busca antes de liderar una ronda de crecimiento. Esta lógica en su diseño produce un enroque interesante y consiste en que Simetrick no se apalanca en un producto sino en el diseño que genera costo al cambiarlo, eso es diseño.
Addi - Capital levantado (equity + deuda): US$1.020 millones+
Simetrik - Capital total levantado: US$118 millones+
Startups activas en Colombia (2026): 2.295 — crecimiento 9,3% anual
Capital invertido en startups Colombia (2025): US$857 millones — récord histórico.
Colombia tiene hoy 2.295 startups activas según el Colombia Tech Report 2026 de KPMG, con US$857 millones en capital comprometido durante 2025, el registro más alto de su historia. Por primera vez, SaaS supera a fintech en número de compañías: 610 empresas de software frente a 465 de crédito digital. Son señales de madurez real.
El dato que exige atención es otro:
Bogotá concentra el 89% del capital levantado en el país.
Esa hiperconcentración geográfica es la trampa que puede frenar el siguiente salto del ecosistema, y es el tipo de riesgo que los fondos con visión de largo plazo deberían tener en su modelo.
El segundo problema estructural es el gap entre seed y crecimiento. El 80% de las startups colombianas está en etapas tempranas. Solo una de cada diez logra pasar a una ronda de crecimiento. Hay más capital semilla que nunca, pero el dinero para llevar una Serie A a una Serie B escasea. Addi y Simetrik cruzaron ese gap porque sus fundadores salieron al mercado global. El próximo unicornio colombiano va a necesitar el mismo camino, a menos que algo cambie estructuralmente en el capital local.
En ese escenario entra Rappi. La empresa tiene una valoración de US$5.250 millones, cuatro trimestres consecutivos rentables y una inversión de Amazon con opción de subir al 12% de la compañía. Su CEO ha señalado que las condiciones para un IPO en Wall Street podrían darse hacia finales de 2026. Si ese evento ocurre, no sería solo el debut de una empresa colombiana en bolsa. Crearía un precio público de referencia para valorar las demás startups del ecosistema, liberaría capital de los fondos locales que invirtieron en etapas tempranas y le diría al mercado institucional internacional que Colombia produce activos tecnológicos con liquidez. Ese es el efecto multiplicador que el ecosistema necesita y que todavía no tiene.
El dato más revelador de esta historia es que Addi y Simetrik llegaron hasta aquí sin el mercado de capitales colombiano.
El ecosistema local está produciendo empresas de clase mundial. Lo que todavía no ha demostrado es que puede financiarlas de manera sistemática. Esa es la diferencia entre un país que produce dos casos de éxito y uno que produce veinte. Mientras el capital inteligente siga siendo importado, los próximos fundadores van a construir en Colombia, financiarse afuera y eventualmente cotizar en Nueva York.
El próximo gobierno va a heredar el ecosistema de startups más dinámico que ha tenido el país en su historia. La pregunta que debería estar sobre la mesa es cómo retener el valor que genera.



