Lo que importa hoy, en cinco minutos
Las cinco noticias de esta edición muestran que el desafío del empresariado colombiano no se reduce a encontrar financiación. Fitch advierte que algunas de las principales compañías del país están perdiendo rentabilidad y capacidad para atender intereses, incluso cuando sus balances permanecen relativamente estables y las inversiones se aproximan a niveles de reposición. Mientras tanto, GEB busca ampliar su acceso al capital internacional y PepsiCo anuncia nuevas inversiones productivas. El contraste es revelador: la capacidad de invertir depende tanto de conseguir recursos como de generar los rendimientos necesarios para sostenerlos.
El cierre de septiembre deja una pregunta común: ¿dónde encuentran capital las empresas colombianas y a qué costo? Mientras el Estado examina alternativas para atender sus necesidades fiscales, algunas compañías buscan nuevas fuentes de financiación y otras comprometen recursos para crecer. La diferencia no está solo en conseguir dinero, sino en generar caja, remunerar el capital invertido y sostener las decisiones de largo plazo.
Fitch advierte sobre la pérdida de rentabilidad y capacidad de pago de las empresas colombianas
Fitch Ratings advirtió el 25 de septiembre que las empresas colombianas bajo su cobertura enfrentan una menor generación de caja, una capacidad más limitada para atender sus obligaciones financieras y condiciones restrictivas de financiación. Durante los últimos doce meses, las rebajas de calificación superaron en siete a las mejoras, en un entorno presionado por la reducción de la calificación soberana de Colombia de BB+ a BB en diciembre de 2025.
El diagnóstico contiene una distinción importante. Aunque el apalancamiento bruto de las compañías calificadas aumentó de 2,3 a 2,6 veces entre 2022 y 2025, Fitch considera que sus balances permanecen relativamente estables. El deterioro más significativo está en la rentabilidad y la capacidad de pago: el margen mediano de EBITDA cayó del 30,7 % al 24,2 % en ese período, mientras que la cobertura de intereses se situó en 4,0 veces en 2025, aproximadamente la mitad del nivel registrado en 2021.
La debilidad del flujo de caja libre tampoco responde a un aumento de las inversiones. La relación entre inversión y depreciación/amortización descendió de 1,6 a 1,0 veces entre 2022 y 2025, lo que indica que el gasto de capital se ha aproximado a los niveles de reposición, mientras aumentaron los pagos de dividendos. A estas condiciones se suma el costo del dinero: la tasa de política monetaria alcanzó el 12 % en junio de 2026 y las presiones fiscales continúan condicionando el acceso a financiación.
El informe plantea un problema que trasciende el endeudamiento. Una compañía puede mantener un balance relativamente estable y, al mismo tiempo, perder capacidad para cubrir intereses, financiar su operación y sostener nuevas inversiones. Cuando los márgenes se reducen y el crédito se encarece, las decisiones sobre capital de trabajo, gasto de capital y distribución de dividendos adquieren mayor importancia.
El desafío no consiste únicamente en conseguir financiación o mantener controlada la deuda, sino en recuperar la rentabilidad y la generación de caja necesarias para sostener el crecimiento. El hallazgo de Fitch plantea una pregunta adicional: si las empresas están invirtiendo principalmente para conservar su capacidad productiva, ¿con qué recursos financiarán su próxima etapa de expansión? La respuesta dependerá de su capacidad para mejorar los resultados operativos y asignar el capital entre servicio de deuda, nuevas inversiones y remuneración a los accionistas.
Bogotá modifica el ICA y cambia el cálculo de rentabilidad de cientos de actividades
El Concejo de Bogotá aprobó el 28 de septiembre, en segundo debate, el proyecto de Acuerdo por una Ciudad Inteligente, que reorganiza las tarifas del impuesto de Industria y Comercio (ICA), contempla incentivos a la formalización y propone estímulos a nuevas inversiones. El texto pasa a sanción del alcalde; varias disposiciones se aplicarían desde 2027.
Según las estimaciones de la Secretaría Distrital de Hacienda, 275 actividades tendrían reducciones tarifarias y 169, incrementos. La administración calcula que pagarían menos cerca del 89,6 % de las empresas industriales y el 82,9 % de las comerciales. Entre las actividades beneficiadas figuran restaurantes, hoteles, bares y editoriales. Para las principales actividades financieras se contempla, en cambio, un aumento del 14 por mil al 20 por mil en 2027, seguido de una reducción gradual hasta el 18 por mil desde 2029.
A diferencia del impuesto de renta, el ICA generalmente se calcula sobre los ingresos de la actividad gravada, no sobre la utilidad. Una modificación de tarifa puede alterar el margen de una empresa sin que cambien sus ventas o sus costos de producción. El efecto no será uniforme: dependerá de la actividad, la base gravable y las condiciones de cada contribuyente. Para las compañías con presencia en varias ciudades, la carga tributaria territorial es otra variable al decidir dónde ampliar capacidad.
Grupo Energía Bogotá busca ampliar su acceso al mercado de capitales
La Asamblea Extraordinaria de Accionistas del Grupo Energía Bogotá (GEB) autorizó el 28 de septiembre avanzar en el registro ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) y estructurar un programa de American Depositary Receipts (ADR), instrumentos que representarían sus acciones en el mercado estadounidense. La autorización es una etapa inicial: no significa que GEB ya cotice allí ni implica, por sí sola, emitir acciones nuevas.
El grupo busca fortalecer su gobierno corporativo, ampliar la base de inversionistas, mejorar la liquidez de sus títulos y abrir una alternativa eventual de financiación para sus negocios de transmisión eléctrica y transporte de gas. Acceder a un mercado más amplio podría diversificar sus fuentes de capital, aunque no garantiza obtener recursos a menor costo: ello dependerá de la valoración, la demanda y las condiciones del proceso.
Para una empresa controlada por el Distrito, el movimiento también supone exigencias adicionales de divulgación y supervisión. Su alcance empresarial se medirá en la relación entre liquidez, gobierno corporativo y capacidad de financiar proyectos que creen valor, no únicamente en la posibilidad de negociar títulos en Wall Street.
Colombia conversa con el FMI: el riesgo fiscal también importa a las empresas
El presidente Abelardo de la Espriella anunció el 27 de septiembre que había ordenado iniciar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para examinar alternativas ante la situación fiscal. Al día siguiente, Reuters informó que los contactos técnicos llevaban varias semanas y que incluían opciones de financiación. Las conversaciones no equivalen a un acuerdo aprobado ni a desembolsos confirmados.
El anuncio se produce en un contexto de elevadas necesidades de endeudamiento. Colombia canceló en octubre de 2025 la Línea de Crédito Flexible que tenía aprobada con el FMI, cercana a US$8.100 millones, sin realizar desembolsos. Las cifras de deuda y déficit incluidas en las proyecciones presupuestales exigen, además, distinguir entre escenarios y resultados efectivos.
La noticia interesa al sector privado porque la deuda soberana sirve como referencia para valorar parte de la deuda empresarial. Si aumenta la percepción de riesgo del Estado, también pueden elevarse los rendimientos exigidos a las compañías, con efectos sobre el costo de financiación y el valor presente de sus proyectos. Un eventual acuerdo con el FMI podría modificar esas expectativas, pero su impacto dependería de los términos pactados, la credibilidad fiscal y la respuesta de los mercados.
El Estado y las compañías no se financian en mercados aislados. La sostenibilidad de las cuentas públicas influye en las condiciones bajo las cuales se refinancian deudas y se emprenden nuevas inversiones privadas.
PepsiCo anuncia US$1.000 millones y pone a prueba la cadena de proveedores
PepsiCo anunció una inversión de US$1.000 millones en Colombia para los próximos cinco años, destinada a ampliar la producción, modernizar operaciones y fortalecer la distribución. Según la información reunida para esta edición, el monto supera ampliamente los US$158 millones destinados a sus plantas en el quinquenio anterior. La compañía compra cerca de 84.000 toneladas de papa al año y trabaja con más de 2.000 agricultores que le suministran materias primas como papa, plátano y maíz amarillo.
La oportunidad para el empresariado está en los encadenamientos productivos. Una expansión industrial requiere equipos, automatización, empaques, transporte, almacenamiento y servicios especializados. Sin embargo, participar en esa demanda exige capacidad instalada, productividad, trazabilidad y cumplimiento de estándares de calidad y entrega; la cercanía geográfica no es suficiente.
El anuncio ofrece además un contraste con la concentración de la inversión extranjera directa en petróleo y minería. La cuestión es cuánto del compromiso anunciado se traducirá en compras y contratos con proveedores colombianos y cuánto corresponderá a tecnología o equipos importados. Por ahora se trata de inversión proyectada, no de desembolsos ya ejecutados.
Análisis KapitalPaper
Las cinco noticias muestran que la presión financiera y la inversión pueden coexistir. Fitch describe un entorno más exigente para las compañías que califica y el Gobierno busca alternativas ante el FMI; al mismo tiempo, GEB explora nuevos mercados de capital y PepsiCo anuncia una expansión industrial. Bogotá introduce otra variable decisiva: una modificación tributaria capaz de alterar la rentabilidad de actividades que operan en la ciudad.
La diferencia está en la posición de cada empresa frente al capital. Para las más endeudadas, preservar liquidez y fortalecer la generación de caja puede ser prioritario. Para las que buscan crecer, el desafío es estructurar inversiones cuyos retornos compensen el costo de financiación y los riesgos asumidos. Y para los proveedores, anuncios como el de PepsiCo exigen evaluar cuánto invertir hoy para atender una demanda que todavía debe materializarse.
Las decisiones fiscales y tributarias también cuentan. Una empresa puede mejorar su productividad, pero seguirá expuesta a tasas, impuestos y condiciones de crédito que no controla. Por eso, la disciplina financiera no consiste en detener la inversión: consiste en seleccionar proyectos, dimensionar sus riesgos y verificar que el valor esperado justifique el capital comprometido.
La pregunta que deja septiembre es si las empresas colombianas están ajustando sus decisiones a ese entorno o si siguen midiendo su desempeño principalmente por el crecimiento de los ingresos, en lugar del valor que generan sobre el capital invertido.



