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La lectura editorial de hoy
Cuatro días después del terremoto de magnitud 7,4 (el más fuerte en un siglo), Colombia todavía cuenta a sus muertos y mide el tamaño del daño. El balance oficial de acuerdo a información de la UNGRD es de 277 fallecidos, con 3.824 heridos y cerca de 500 desaparecidos; más de 25.800 familias afectadas y decenas de miles de viviendas destruidas o averiadas. Las afectaciones alcanzan cientos de municipios; Pereira, Cali, Manizales y el corredor cafetero concentran la situación más crítica, sin olvidar al siempre golpeado Chocó, epicentro del sismo. La ayuda internacional empezó a llegar y el empresariado se movilizó en horas, mientras el Gobierno declaró la emergencia económica para financiar la reconstrucción.
El terremoto es ante todo una tragedia humana de hondas repercusiones que se harán evidentes con el tiempo. Al reconocer esa realidad, el gobierno De la Espriella enfrenta su primera gran prueba en el orden económico: reconstruir en medio de una situación fiscal que obliga a recomponer prioridades. Esa prueba ya empezó (la emergencia está declarada y el “fondo milagro” anunciado), y de cómo asigne, controle y financie esos recursos dependerá tanto la reactivación de las zonas golpeadas como su credibilidad ante los mercados.
De la Espriella declaró la emergencia económica y creó el “fondo milagro”
Los efectos del terremoto del 10 de agosto, llevó al gobierno De la Espriella a declarar formalmente el 13 de agosto la emergencia económica (mecanismo constitucional) y anunció un “fondo milagro” para reconstruir hospitales, colegios, vías y aeropuertos, apoyado en un crédito de hasta USD 450 millones del Banco Mundial.
En este escenario se debe estar atento a la velocidad de cambio en las reglas por efecto de la ventana que abre la emergencia para el surgimiento de decretos con fuerza de ley que pueden cambiar las reglas tributarias, aduaneras y de contratación, aspectos que tienen una incidencia directa en las operaciones, en las ventas y transporte en las zonas afectadas.
El empresariado se adelantó al Estado: $8.800 millones en un día
Desde el Congreso Empresarial en Cartagena, la Andi lanzó “Empresas Unidas por Colombia” con un aporte inicial de $2.000 millones. En menos de una hora la campaña superó los $4.500 millones y cerró la primera jornada por encima de $8.800 millones, más aportes en especie: alimentos, medicamentos, transporte, materiales y logística.
Mientras el presupuesto público sigue trabado, el capital privado se movió en horas. Es una señal de la capacidad de reacción del sector, pero también un recordatorio que no se debe pasar por alto: la reconstrucción va a depender, en parte, de una filantropía que no sustituye la política fiscal que aún no llega.
El dólar sigue cayendo, incluso con el país en emergencia
Contra toda intuición, el peso no se debilitó tras el terremoto. La TRM cerró en $3.123 el 13 de agosto, cerca de mínimos de siete años: -3,9% en el mes y -22% frente a hace un año. Ni el sismo ni la emergencia fiscal movieron la tendencia, tendencia que evidencio que pesó más el dato de inflación de EE.UU. (3,4%), que aleja una subida de la Fed.
Para KapitalPaper: que un país recién golpeado por un desastre vea su moneda aún más fuerte confirma lo que venimos diciendo: esta revaluación es financiera, no productiva. El carry trade pesa más que la tragedia. Es la mejor prueba de que el peso fuerte no premia la fortaleza del país, sino el apetito por su tasa.
Cibest y Cementos Argos: las dos Colombias en un mismo ciclo de resultados
Cibest (Bancolombia) reportó utilidad de $2,7 billones en el trimestre (+87,4%), con ROE de 28,7% (sobre su meta anual de 21%-22%). Tras estos resultados, J.P. Morgan subió Cibest de “neutral” a “sobreponderar“ y elevó su precio objetivo de USD 70 a USD 110 por ADR, y Goldman Sachs también mejoró su recomendación. Esa es una clara señal de que el mercado internacional validó el resultado.
Por su parte, Cementos Argos reportó ingresos por $1,3 billones en el trimestre (+2,4%), pero su utilidad neta ajustada cayó 37,1%, hasta $154.000 millones, principalmente por factores no operacionales (menores ingresos financieros y en parte por el mismo peso fuerte que venimos señalando), no porque la construcción se haya desplomado. El cemento en Colombia, eso sí, creció 5,5% en volumen.
¿Cómo se deben leer estas señales? La rentabilidad bancaria está en máximos porque las tasas altas del Banco de la República engordan el margen de intermediación. Bueno para el accionista del banco; caro para quien necesita crédito. Ese diferencial es el costo real de financiar una operación hoy.
Para los empresarios vinculados al sector de la construcción, materiales o inmobiliario, el mensaje es mixto: hay demanda de obra (el volumen sube), pero el margen se comprime y lo no operacional tiene incidencia importante. Este sector tiene la coyuntura que tras el sismo puede dar impulso a la demanda de cemento en los próximos trimestres, pero el reto para el empresario del sector será que se traduzca en utilidad, no solo en toneladas.
Para KapitalPaper, la situación actual devela una economía financiera que bate récords mientras la que construye ve caer su utilidad un tercio. Es la divergencia entre la Colombia que presta y la que produce, confirmada en dos balances que se dan a conocer con pocas horas de diferencia y que la reconstrucción va a tensionar aún más.



