El agua en el Magdalena no la consume el banano...
...la consume una red que pierde 282 millones de litros al día (solo en Santa Marta).
Durante una visita al municipio de Ciénaga el martes 10 de junio de 2026, en el marco del evento “Diálogo social con pescadores y comunidades productivas”, el presidente Gustavo Petro planteó la necesidad de un pacto para reducir la producción bananera en la región Caribe —en especial en el Magdalena— con el argumento de que el cultivo de exportación está consumiendo agua que debería destinarse al consumo humano. Petro fue explícito: “Hay demasiadas plantaciones de banano. Hay que recortar esa plantación, ese volumen de banano, de tal manera que fluya el agua hasta aquí, para el servicio del ser humano, porque la prioridad es el ser humano, después los negocios”, según registró El Tiempo.
Vale precisar que, según la cobertura de Hoy Diario del Magdalena, el mandatario habría referido específicamente a sectores del Magdalena cercanos al Urabá antioqueño, una delimitación geográfica más puntual que la generalización hacia “el Magdalena” que terminó dominando el debate público posterior.
La respuesta del sector fue inmediata y dura. La Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama) rechazó la propuesta y advirtió que una reducción de la producción afectaría a más de 18.000 familias de la región Caribe, según confirmó la agremiación en un comunicado citado por El Colombiano. José Francisco Zúñiga Cotes, presidente ejecutivo de Asbama, fue directo: “Compartimos plenamente la necesidad urgente de garantizar agua potable para las comunidades del Caribe colombiano. Sin embargo, señalar al sector bananero como responsable de esta problemática y plantear la reducción de la producción como solución resulta técnicamente equivocado y desconoce tanto las causas estructurales de la crisis como el aporte social y económico que representa esta actividad para el Magdalena.”
Sin embargo la visión presidencial no responde a causas que inciden en el déficit en la oferta de agua. Los últimos fallos de la Contraloría General de la República, la Contraloría Distrital de Santa Marta y sentencias de la Corte Constitucional documentan con cifras oficiales por qué el diagnóstico presidencial está mal dirigido.
El primer hecho que la perspectiva presidencial no contempla es que la escasez en la oferta de agua en la región del Magdalena obedece más a problemas estructurales del servicio, es decir el problema no se explica solo por la oferta de agua sino por la gestión del servicio público. Según estudios realizados para 2020, ESSMAR —la empresa de acueducto del distrito— reportaba pérdidas diarias de 152 millones de litros por fugas en redes obsoletas, a los que se sumaban 130 millones de litros adicionales sustraídos mediante conexiones fraudulentas. En conjunto, 282 millones de litros se pierden cada día, lo cual es una cantidad e agua suficiente para abastecer y satisfacer las necesidades al consumo residencial de más de 900.000 habitantes. Paralelo a ello, y como un agravante adicional, la planta de tratamiento de agua potable operaba apenas al 44% de su capacidad instalada, según datos de la propia ESSMAR recogidos en dichas investigaciones.
El segundo hecho que no es abordado por el ejecutivo hace referencia al dinero para resolver el problema, el cual ya existe, pero se está asignando mal. El CONPES 4159 de 2025 destinó $786.032 millones a la construcción de plantas desalinizadoras que, según el propio documento de planeación, cubren apenas el 17,58% del déficit hídrico de la ciudad. En contraste, el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado (el instrumento que ataca directamente las fugas y pérdidas que explican la mayor parte del desabastecimiento) recibió únicamente $37.719 millones, equivalentes al 5% de esa inversión total.
El Estado ya puso sobre la mesa más de 786 mil millones de pesos para resolver la crisis hídrica de Santa Marta. La decisión de dirigir el 95% de ese capital hacia la solución más visible políticamente (plantas desalinizadoras inaugurables con corte de cinta) en lugar de hacia la reparación de una red que pierde 282 millones de litros diarios es, según el estudio, el patrón que la literatura académica sobre políticas públicas describe como “asignación por visibilidad política” antes que por valor social real. La situación responde a un diseño institucional que explica el fenómeno de la escasez y que se extiende a la lógica de la distribución del agua en la región y los municipios que la integran. La evidencia descansa sobre los daños patrimoniales que en el período del 2019 al 2026 suman una cifra cercana a los 100 mil millones de pesos.
Lo que esto significa para el debate sobre el banano
Con esta evidencia documental, la posición de Asbama deja de ser solo la defensa gremial de un sector exportador y queda respaldada por hallazgos de control fiscal verificables: el problema de agua en el Magdalena no se resuelve recortando hectáreas de banano. Se resuelve reparando una red de distribución que desperdicia y permite extraer de manera indebida una cantidad de agua equivalente al consumo de casi un millón de personas, y reasignando los recursos del CONPES 4159 hacia las obras que efectivamente cierran la brecha del déficit hídrico, en lugar de hacia las que cubren menos del 18% de esa brecha.
Lo que está en juego económicamente para el banano
El banano no es un cultivo marginal en la economía exportadora colombiana. En 2025, el sector cerró con resultados históricos: 2,5 millones de toneladas exportadas, equivalentes a 133 millones de cajas de 20 kilogramos, por un valor de US$1.309 millones, según el balance de la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura). Ese resultado consolidó a Colombia como el tercer mayor exportador de banano de América Latina y el Caribe.
La zona Caribe (Magdalena, La Guajira y Cesar, el área directamente afectada por la propuesta presidencial) concentra 20.478 hectáreas y produjo 51 millones de cajas en 2025. El sector sostiene además más de 53.000 empleos directos (aproximadamente uno por hectárea cultivada), en su mayoría formales y sindicalizados, según el presidente de Augura, Emerson Aguirre. En volumen, el banano es el primer producto agrícola de exportación de Colombia, por encima del café.
A esa presión política se suma otra completamente distinta: la cambiaria. El propio Zúñiga Cotes lo explicó con precisión en abril de 2026: “El banano colombiano se vende en dólares, pero se produce en pesos. Cada peso que cae el dólar es un golpe directo a la rentabilidad del productor.” Con el dólar tocando hoy su nivel más bajo en cinco años, ese golpe no es hipotético: es el escenario que el sector ya enfrenta sin necesidad de ninguna intervención estatal sobre sus cultivos.
Lo que el sector está viviendo realmente: productividad, no expansión
Un informe de la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia (Grupo Cibest), publicado en junio de 2026, aporta tres datos que reformulan el debate desde la evidencia técnica del propio sector financiero del país.
El crecimiento no vino de más tierra, vino de más eficiencia. En 2025, la productividad del banano de exportación en la región Caribe (que agrupa Magdalena, La Guajira y Cesar en la metodología de Augura) alcanzó las 2.504 cajas por hectárea, frente a 2.160 en 2024, el nivel más alto desde que existe registro comparable (2007). El propio informe es explícito: “el área sembrada se ha mantenido muy estable, esta fue la principal vía de crecimiento el año pasado.” Es decir: el sector no se está expandiendo sobre nuevas tierras en el Magdalena. Está produciendo más banano en la misma superficie cultivada de siempre, mediante mejor manejo agronómico y control de enfermedades. El argumento de que existen “demasiadas plantaciones” debe leerse con esa precisión: el área no creció: lo que creció fue el rendimiento por hectárea.
El sector vive su mejor momento de la década, no una expansión descontrolada. Tras un crecimiento de aproximadamente 20% en toneladas exportadas durante 2025, el primer cuatrimestre de 2026 registra un incremento del 61% en volumen exportado, impulsado en parte por dificultades climáticas de competidores centroamericanos y por mayor comercialización de fruta excedentaria en el mercado spot, según Bancolombia. El debate sobre reducir cultivos llega exactamente en el momento de mayor dinamismo exportador del sector en años.
La amenaza hídrica real para el segundo semestre no es el banano: es El Niño. El reporte de junio de 2026 de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indica una probabilidad cercana al 100% de presencia de El Niño durante el segundo semestre de 2026, con más del 60% de probabilidad de que alcance intensidad fuerte hacia finales de año. Los pronósticos del IDEAM, citados en el informe de Bancolombia, proyectan una reducción significativa de las precipitaciones en la región Caribe para ese período, con la temporada seca extendiéndose hasta el primer trimestre de 2027, el escenario más severo para los cultivos que no cuentan con sistemas de riego.
Este dato climático conecta directamente con el problema institucional documentado en este Brief: el mismo fenómeno de El Niño que amenaza con reducir el agua disponible para los cultivos bananeros sin riego es, simultáneamente, el factor que va a presionar aún más un sistema de acueducto urbano que en Santa Marta ya pierde 282 millones de litros diarios por fugas y conexiones fraudulentas. La escasez que se viene en el segundo semestre de 2026 no la va a causar el banano: la va a causar un fenómeno climático global sobre una infraestructura hídrica que, tanto en el campo como en la ciudad, nunca tuvo la resiliencia que debía tener.
La crisis de agua en el norte del Magdalena es real y la necesidad de garantizar agua potable a sus comunidades es innegociable. Pero la evidencia técnica disponible, tanto la de control fiscal sobre ESSMAR y Aguas del Magdalena como la climática de Bancolombia, NOAA e IDEAM, apunta a dos causas distintas de la que el presidente señaló en Ciénaga: una infraestructura estatal que pierde 282 millones de litros diarios y mil millones mal asignados, y un fenómeno de El Niño que va a reducir las lluvias en toda la región Caribe durante el segundo semestre, afectando por igual a los cultivos sin riego y al sistema de acueducto urbano. El cultivo de banano, que en 2025 y 2026 creció por productividad, no por expansión territorial, no es la variable que explica la crisis hídrica que se viene.
Anunciar la reducción de un cultivo de exportación sin un plan técnico, sin mesas de trabajo previas con el gremio y efectuada a diez días de una segunda vuelta presidencial, introduce exactamente el tipo de incertidumbre regulatoria que ahuyenta la inversión productiva, el mismo fenómeno que KapitalPaper documentó esta semana en el sector de la vivienda. Un sector que ya enfrenta presión cambiaria, precios estancados y riesgo climático no necesita una cuarta variable de incertidumbre política, especialmente cuando la evidencia técnica disponible indica que el origen del problema está en otro lugar.
Las 18.000 familias que dependen de esa agroindustria no deberían convertirse en daño colateral de un debate hídrico que la propia Contraloría ya documentó con nombres, fechas y cifras: el agua de Santa Marta y del Magdalena no falta. Se pierde, se roba y se invierte mal.
Fuentes verificadas: Hoy Diario del Magdalena, “Petro propone reducir cultivos de banano para garantizar agua en Ciénaga” (10 de junio de 2026) · El Tiempo, “Bananeros rechazan plan del presidente Petro para recortar cultivos por crisis de agua y advierten golpe al empleo en Magdalena” (junio 2026) · El Colombiano, “Bananeros rechazan propuesta de reducir cultivos y advierten de impacto sobre 18.000 familias del Magdalena” (junio 2026) · El Informador Santa Marta (11 de junio 2026) · Opinión Caribe, “El costo territorial de la agenda de Petro en el Magdalena” (3 de junio 2026) · Augura, balance anual 2025, cubierto por Portafolio, El Espectador, Semana, Infobae, AgroNET (abril 2026) · El Espectador, declaraciones José Francisco Zúñiga Cotes sobre revaluación del peso (abril 2026) · Bancolombia / Grupo Cibest, Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado, “Panorama Sector Banano de Exportación” (junio 2026), con datos de Augura, DANE, NOAA e IDEAM · Carvajalino Slaghekke, A. (2026), “Escasez inducida: cómo la descoordinación institucional y la corrupción privan de agua a Santa Marta”, investigación basada en Contraloría Distrital de Santa Marta (Auto No. 009-2025, 12 de noviembre de 2025), Contraloría General de la República (2022-2024), ESSMAR (Informe de pérdidas del sistema de acueducto, 2020), DNP (CONPES 4159, 2025) y Diario La Libertad (6 de octubre de 2025)



