Daily Briefs
Las noticias del 31 de marzo configuran un cuadro de fisuras macroeconómicas sin precedentes en el gobierno Petro
El BanRep sube tasas contra la voluntad del Ejecutivo, la deuda pública alcanza su nivel más alto desde 1999, el empleo formal cae medio millón de puestos pese al titular del desempleo, y las proyecciones de crecimiento siguen deteriorándose. Los debates de los próximos días serán de alta intensidad política y económica.
El gobierno rompe con el BanRep: el ministro Ávila abandona la junta y dispara contra la independencia del banco central
La Junta del Banco de la República subió la tasa 100 pb hasta el 11,25%, ignorando la oposición del ministro de Hacienda. Ávila abandonó la reunión, dio una rueda de prensa paralela y amenazó con abrir un debate nacional sobre el funcionamiento del emisor. El mercado de deuda reaccionó de inmediato.
La reunión de política monetaria del 31 de marzo terminó convertida en un quiebre institucional sin precedentes en la historia reciente de Colombia. Cuatro de los siete miembros de la Junta Directiva del Banco de la República votaron por subir la tasa de intervención en 100 puntos básicos, llevándola al 11,25%. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, representante del gobierno en la junta, no solo votó en contra: abandonó la reunión antes de que terminara y convocó una rueda de prensa propia en la que calificó la decisión de “desproporcionada”.
“Es una decisión que va en contravía de las metas que nos hemos trazado. El Ministerio de Hacienda ha decidido tomar distancia de la Junta del Banco de la República.” Germán Ávila, ministro de Hacienda, 31 de marzo de 2026.
Ávila argumentó que los choques inflacionarios actuales son de oferta -derivados de la guerra en Irán- y no de demanda, por lo que subir tasas no resuelve el problema y solo encarece el crédito para la industria y el agro. Fue un paso más allá al cuestionar la legitimidad técnica de la junta, acusando a sus miembros de favorecer los intereses del sistema financiero.
En un análisis que resulta interesante y oportuno, Bloomberg comparó el momento con la “erdoganización” que vivió Turquía. El presidente Petro nombró a cuatro de los siete miembros de la junta, incluida Olga Lucía Acosta, quien se convirtió en el voto decisivo al alinearse con los halcones. Petro la calificó de “el peor error de mi gobierno”. Acosta respondió que su mandato es con el país, no con quien la nombró.
El mercado reaccionó de inmediato. El bono colombiano con vencimiento en 2035 cayó de 105,51 a 104,67 centavos, y su rendimiento saltó de 7,17% a 7,27%. Goldman Sachs proyecta que el BanRep continuará el ciclo restrictivo, con una tasa terminal que algunos analistas ya ubican en 12,75% al cierre de 2026.
Deuda en máximos de 27 años, caja para cinco días y el EMBI más alto de la región: la tormenta fiscal que el gobierno no quiere ver
La deuda bruta del Gobierno Nacional llegó al 64,4% del PIB en 2025, el nivel más alto desde 1999. La caja de la Tesorería alcanza apenas para cinco días de pagos. Colombia registra el EMBI más alto entre sus pares regionales, con un CDS a niveles de Turquía.
Los números de la deuda pública colombiana cuentan una historia diferente a la que relata el gobierno. Mientras el Ministerio de Hacienda celebra que la deuda neta se estabilizó en 58,5% del PIB, el análisis de ANIF revela que la deuda bruta llegó al 64,4% del PIB, el máximo desde 1999 y apenas por debajo del 65% registrado en el pico de la pandemia. La diferencia no es solo semántica: refleja los compromisos reales que el gobierno ha contraído y que los mercados sopesan como elementos incidentales en los agregados macroeconómicos y por lo tanto son de lectura obligatoria.
“El elevado nivel de endeudamiento refleja un desequilibrio persistente entre los ingresos y los gastos. La caja de la DTN alcanzó mínimos históricos y de cara a 2026 el panorama parece no mejorar.”
ANIF, análisis de sostenibilidad fiscal, marzo 2026.
El dato más inquietante no es el nivel de la deuda sino el de la caja. La Dirección del Tesoro Nacional (DTN) tiene disponibles COP$6,6 billones, cuando los pagos diarios promedian COP$1,4 billones. La cobertura alcanza para menos de cinco días de funcionamiento y servicio de deuda. La colocación directa de bonos a PIMCO por COP$23 billones a mediados de enero dieron un alivio temporal, pero la caja hoy se encuentra en niveles críticos.
El CARF advirtió que la percepción de riesgo de Colombia se ubica en niveles históricamente altos frente a sus pares. Colombia registra el EMBI más alto de la región. Mientras México redujo su prima de riesgo en más de 100 pb en el último año, Colombia solo lo hizo en 52 pb. El CDS a cinco años ronda los 225 pb, asimilable al de Turquía (258 pb), país con una calificación crediticia inferior.
“El riesgo soberano de mediano plazo de Colombia supera al de países con calificaciones crediticias similares. Estamos a un voto de cambiar de rumbo. Si eso ocurre, la credibilidad se evaporaría.”
Carolina Soto, ex-codirectora del Banco de la República.
El gobierno sostiene que la situación es manejable, pero el Banco de Bogotá estima las necesidades de financiamiento adicionales de entre COP$20 y COP$30 billones, en un entorno donde la dependencia de la colocación de TES en mercado local crece. La estrategia funciona mientras los inversionistas domésticos sigan comprando. Esa confianza es, hoy, en un entorno enrarecido, la variable más frágil del sistema.
Desempleo baja al 9,2%, pero se pierden 500.000 empleos formales y el agro colapsa
El DANE reportó el menor desempleo para febrero desde 2021. Pero Bruce Mac Master (Andi) reveló que los datos de la Ugpp muestran la pérdida de más de 500.000 empleos formales desde 2023. El sector agropecuario destruyó 363.000 puestos en un año. Colombia es el cuarto país más preocupado por su sistema de salud, según Ipsos.
Para KapitalPaper hay dos lecturas posibles del mercado laboral colombiano en febrero de 2026, y son contradictorias. La primera, la del DANE, es la que el gobierno quiere contar: la tasa de desempleo bajó al 9,2%, la más baja para ese mes desde 2021, con 624.000 nuevos ocupados en el último año. La segunda, la que reveló el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, es la que el gobierno quisiera silenciar: el sistema PILA/Ugpp muestra que desde 2023 se han perdido más de 500.000 empleos formales.
“Por paradójico que parezca, el gobierno que se preciaba de defender a los trabajadores ha expulsado del único sistema laboral que les otorga derechos a más de 500.000 personas, dejándolos a merced de las peores prácticas laborales.”
Bruce Mac Master, presidente de la Andi
La paradoja tiene una explicación técnica: el DANE mide ocupación, que incluye el rebusque y la informalidad; la UGPP mide formalidad real. Una persona que pierde su empleo formal y se convierte en vendedor ambulante mejora la estadística del DANE, pero empeora la de la UGPP. El hecho de que el 80% de los desplazados del empleo formal gane menos del salario mínimo confirma que la transición no es hacia mejores condiciones sino hacia la precarización.
El sector agropecuario es el más golpeado: de 3,35 millones de ocupados en febrero de 2025 cayó a 2,99 millones en 2026, una pérdida de 363.000 puestos. El diagnóstico señala tres factores convergentes: la caída del dólar que destruyó rentabilidad exportadora, los aranceles de EE. UU. a flores y productos agrícolas, y el incremento del 23% del salario mínimo que encareció los costos laborales de un sector intensivo en mano de obra.
En paralelo, el reporte Ipsos de marzo reveló que Colombia registró el mayor aumento mensual a nivel global en la preocupación por el sistema de salud (+6 puntos porcentuales), llegando al 40% de la población. El detonante fue la muerte del niño Kevin Acosta, que falleció esperando un medicamento para la hemofilia mientras su EPS demoraba la autorización. Colombia se posiciona como el cuarto país del mundo más preocupado por su sistema de salud, una señal de alarma para un gobierno que ha hecho de la reforma a la salud su bandera central.
El salario mínimo del 23% como detonador: la cadena de efectos que está desacelerando la economía y disparando el estrés fiscal
El aumento del salario mínimo incentivó las expectativas de inflación, obligó al BanRep a subir tasas, encareció el crédito, frenó la inversión y deteriora el crecimiento. Bancolombia proyecta una tasa terminal de 12,75% y un PIB de 2,9% para 2026. La formación bruta de capital está en mínimos históricos. El Plan Financiero 2026 es calificado de “poco creíble”.
La economía colombiana está pagando el costo de una decisión política tomada sin modelos: el incremento del 23% del salario mínimo para 2026. Corficolombiana lo documenta con precisión: el ajuste salarial desancló las expectativas de inflación (de cerca del 4,5% a 6,2%) y generó un traslado rápido a los precios de servicios intensivos en mano de obra. La inflación básica sin alimentos subió a 5,4% y 5,5% en enero y febrero, superando el cierre de 2025. Ese movimiento obligó al BanRep a responder con un endurecimiento monetario que ahora frena el crecimiento.
“El panorama para la política monetaria se ha complejizado en los últimos meses. Estimamos que el aumento de 100 pb de enero sea el primero de varios y abultados ajustes al alza.”
Dirección de Investigaciones Económicas, Bancolombia
Los efectos sobre la actividad real ya son visibles en los datos. Goldman Sachs reporta que el PIB del cuarto trimestre de 2025 creció apenas 0,1% trimestral ajustado estacionalmente -una fuerte desaceleración desde el 1,3% del trimestre anterior- y que la demanda interna se contrajo 1,0%, su primera caída desde 2024. El ISE de enero de 2026 marcó una contracción de 0,1% mensual. El sector constructor registró en enero el nivel más bajo de iniciación de viviendas nuevas en la historia del país.
Bancolombia revisó a la baja su proyección de PIB para 2026 de 3,2% a 2,9%, y anticipa que la tasa cerrará el año en 12,75%. El Banco de Bogotá proyecta un crecimiento de 2,4%. La formación bruta de capital se ubicaría en torno al 16% del PIB, uno de los niveles más bajos en décadas, lo que anticipa un debilitamiento estructural de la capacidad productiva futura.
"El banco se ha quedado solo cargando con todo el peso de preservar la estabilidad macroeconómica. El Plan Financiero 2026 parece poco creíble a la luz de los registros más recientes."
Carolina Soto, ex-codirectora BanRep / Bancolombia
El cuadro se completa con un frente fiscal bajo presión: mayores necesidades de financiamiento, dependencia creciente del mercado doméstico de TES, y un plan financiero gubernamental que los analistas califican de “poco creíble”. El gobierno suspendió la regla fiscal el año pasado cuando el endeudamiento se disparó. La combinación (inflación elevada, tasas restrictivas y menor crecimiento) es exactamente la que los economistas denominan estanflación. Colombia lleva semanas asomándose a ese precipicio.








