Daily Briefs
Aguacate Hass, Exportaciones, Parque Solar El Campano, Studio F y fertilizantes
Lo que importa hoy, en cinco minutos…
El aguacate Hass
En 2025, Colombia exportó 201 mil toneladas, un salto de 46% frente a 2024, pero el precio implícito de exportación cayó a US$1,86 por kilo, casi 17% menos que el año anterior en un contexto de mayor oferta global: México elevó sus exportaciones 2%, California 5% y Perú 38%. El sector además llega a esta nueva etapa con cerca de 55.000 hectáreas sembradas, de las cuales 40.700 estarían en producción para exportación.
Para KapitalPaper, el reto ahora no es solo producir más, sino defender valor en medio de precios más bajos, crecimiento de competidores y una demanda internacional que todavía no termina de absorber toda la nueva oferta.
El Parque Solar El Campano, ubicado en Chinú, Córdoba
Es un proyecto de energía renovable desarrollado por Atlas Renewable Energy e ISAGEN. Tendrá una capacidad de 128,8 MWdc (99,9 MWac) y se espera que entre en operación en el tercer trimestre de 2027, tras asegurar su cierre financiero.
El proyecto demandará una inversión cercana a COP$453.950 millones, de los cuales la FDN aportará hasta COP$157.550 millones entre deuda senior y garantía bancaria. Además, contará con más de 223.000 paneles solares, suministrará cerca de 245 GWh al año —equivalentes al consumo de más de 110.000 hogares— y evitará la emisión de alrededor de 4 millones de toneladas de CO₂ durante su vida útil.
Exportaciones no minero energéticas
Las exportaciones no minero-energéticas de Colombia están creciendo, pero todavía descansan en una estructura desigual. El mayor motor sigue siendo el bloque agropecuario, que representó 48,3% del total y se apoya en productos como café, banano, aguacate Hass, tilapia y uchuva; luego aparece la industria, con 36,6% de participación y señales positivas desde automotriz, farmacéuticos, químicos y plásticos; y finalmente la agroindustria, con 15,1%, impulsada por aceite de palma, extractos de café, azúcar y alimentos procesados.
Para KapitalPaper, la señal es positiva porque muestra una base exportadora más amplia, pero también deja claro que la transformación todavía es parcial: Colombia exporta más, sí, pero sigue dependiendo de una mezcla donde los bienes primarios pesan más que la manufactura sofisticada y donde el verdadero salto estructural aún está en construcción.
Por destinos, la estructura también ayuda a leer esa composición. Estados Unidos siguió absorbiendo 33,1% de las exportaciones no minero-energéticas y creció 7,5%, mientras también aumentaron México (+13,8%), Brasil (+24,8%), Bélgica (+30,9%) y Países Bajos (+33,9%). Eso encaja con la canasta: EE. UU. sigue siendo clave para agro y alimentos, Europa para frutas y algunos agroindustriales, y la región empieza a ganar peso en manufacturas y bienes procesados.
Inversión Studio F
La compañía caleña detrás de Studio F, Ela y Studio F Man, fundada en 1994 y aún liderada por Carlos Alberto Acosta Hazzi, anunció una inversión superior a US$10 millones para transformar su operación durante los próximos tres años. El plan arranca con la modernización de 50 tiendas entre marzo y mayo de 2026 —20 en Colombia, 20 en México, 5 en Panamá y 5 en Chile— y luego se extenderá al resto de sus 11 mercados y más de 450 tiendas, con una estrategia que combina renovación de marca, comercio electrónico, omnicanalidad e inteligencia artificial para demanda, inventarios y personalización.
En Colombia, el peso de STF va mucho más allá de la marca. Nacida en Cali y convertida en una de las plataformas de moda más grandes de origen colombiano, la compañía ha construido una escala que impacta comercio, empleo y actividad urbana: con más 300 tiendas en el país, en 2023 se le atribuían cerca de 7.000 empleos directos y el ranking 500 Empresas de la Cámara de Comercio de Cali registró para STF Group S.A. ingresos por $875.499 millones.
STF ya tiene presencia regional; ahora quiere hacer más productiva y competitiva esa red desde su base colombiana, elevando rendimiento por tienda, experiencia de cliente y capacidad de defender margen en un consumo más exigente.
Fertilizantes
El costo de los fertilizantes sigue siendo una vulnerabilidad estructural para Colombia porque la producción agrícola depende en gran medida de insumos importados. La SAC reportó que en diciembre de 2025 las importaciones de abonos crecieron 29,7% en valor y 29,3% en volumen, hasta cerca de 237 mil toneladas, una señal de que la demanda local se mantiene alta y de que el agro colombiano sigue atado al mercado externo para sostener su productividad. En cultivos intensivos en nutrición vegetal, ese vínculo pesa directamente sobre márgenes, decisiones de siembra y rendimiento.
A nivel global, el mercado luce más ordenado que en la crisis de 2022, pero sigue siendo inestable. La FAO advirtió en junio de 2025 que los fertilizantes continuaban condicionados por el precio del gas natural y por restricciones comerciales, mientras el Banco Mundial señaló en diciembre de 2025 que la urea subió 30% en 2025 y que el índice general de fertilizantes aumentó alrededor de 20% antes de una moderación prevista para 2026. En marzo de 2026, el propio Banco Mundial volvió a alertar sobre un nuevo repunte entre febrero y marzo por las tensiones en Medio Oriente y los riesgos sobre los flujos que pasan por el estrecho de Ormuz.
Para Colombia, el efecto es claro: cuando suben la urea, el DAP o la potasa, el productor enfrenta costos más altos, menor margen y más presión para trasladar parte del ajuste al precio final de los alimentos. Eso afecta rentabilidad agrícola, competitividad exportadora y también inflación interna.
Mientras Colombia siga comprando afuera una parte decisiva de sus fertilizantes, una variable clave del costo agropecuario seguirá dependiendo de energía, geopolítica y decisiones comerciales tomadas fuera del país.



