Colombia en descuento: ¿quién se la está llevando?
Una política industrial que nadie decidió y que, sin embargo, ya está redistribuyendo el patrimonio del país
En doce meses, el peso colombiano se apreció más de 22% frente al dólar (la Tasa Representativa del Mercado pasó de niveles cercanos a $4.020 en agosto de 2025 a $3.127,51 este 14 de agosto de 2026) y se convirtió en la moneda emergente de mejor desempeño del mundo. Parece una buena noticia, y para el importador o para quien viaja, lo es. Pero debajo de ese comportamiento del peso está pasando algo que casi nadie nombra. Ese peso «fuerte» está decidiendo, en silencio, qué empresas colombianas sobreviven, cuáles cierran y qué capital extranjero termina siendo dueño de los activos productivos del país.
Nada de esto es producto de una política deliberada. Y sin embargo produce exactamente los mismos efectos que produciría una política industrial diseñada a propósito: premia al que importa, castiga al que produce y pone en oferta (en dólares) el patrimonio empresarial colombiano.
Tres hechos de finales de julio y comienzos de agosto lo confirmaron. El Banco de la República salió a comprar dólares baratos. Propal, el último productor nacional de papel, apagó sus máquinas. Y Mallplaza, del grupo chileno Falabella, se quedó con ocho centros comerciales que hasta ayer eran de un fondo antioqueño. Parecen tres noticias distintas, pero no lo son: es la misma, solo que contada tres veces con actores diferentes.
Una moneda que se volvió protagonista
Durante años el tipo de cambio fue un dato que se miraba de reojo antes de importar una máquina o cerrar un contrato de exportación. Hoy dejó de ser un actor de reparto para volverse el protagonista.
El motor de la revaluación tiene nombre técnico: carry trade. Se alimenta del diferencial de tasas (12% en el Banco de la República frente a 3,75% en la Reserva Federal), que convierte a Colombia en un negocio redondo para el capital internacional: endeudarse barato afuera, invertir caro adentro y llevarse la diferencia. La cuenta es sencilla. Un inversionista que trae US$100, los convierte a pesos y los coloca al 12% obtiene, al cabo de un año, unos US$8 solo por la brecha de tasas. Pero el verdadero premio estuvo en la moneda: como el peso se apreció más de 22% en el mismo lapso, al reconvertir a dólares esos pesos rindieron mucho más de lo invertido. La ganancia cambiaria casi triplicó la de la tasa, y ahí está la razón del aluvión de capital. A eso se sumaron un dólar global debilitado, el petróleo firme y las expectativas de mercado alrededor del cambio de gobierno. El resultado fue un peso disparado y un dólar que en agosto tocó niveles que no se veían desde 2019.
Es claro entonces que la apreciación no responde a que la economía colombiana esté produciendo más ni exportando más manufactura, responde a un flujo financiero. Es una fortaleza construida sobre capital que entra buscando rendimiento, no sobre un aparato productivo más competitivo. Y esa distinción (fortaleza financiera contra fortaleza productiva) es la clave para entender por qué una moneda «fuerte» está debilitando a la industria.
Los datos: quién compra dólares, quién apaga máquinas y quién cambia de dueño
El Emisor entra a comprar. El 31 de julio el Banco de la República anunció un programa para acumular hasta US$4.000 millones en reservas mediante subastas de opciones put, con la primera ejecución el 3 de agosto. El mecanismo tiene un detalle y es que solo se activa cuando la tasa de cambio cae por debajo de su promedio de los últimos 20 días. Es decir, el Banco compra dólares precisamente cuando están más baratos. Se presentó como una medida técnica de fortalecimiento de reservas, pero en los hechos es también un piso: al comprar en los mínimos, el Emisor frena la caída del dólar sin tener que anunciar que le incomoda.
Y en efecto, le incomoda. La señal quedó confirmada cuando, en esa misma reunión, el Banco sorprendió al mantener la tasa en 12% (el mercado esperaba un alza a 12,5%). La combinación de pausa más compra de dólares golpeó el carry trade: el dólar rebotó con fuerza en la jornada del 3 de agosto, aunque volvió a ceder días después hasta rondar los $3.157 el 6 de agosto, resultados que indican que el pulso no se ha resuelto a favor del Emisor. De los US$4.000 millones que se propuso acumular en dos años, el Banco solo ha activado la primera subasta mensual: el 3 de agosto adjudicó hasta US$399,9 millones en opciones put (apenas la décima parte del techo, y con ofertas por US$877,5 millones que doblaron lo aprobado). Aun así, con ese piso puesto y las opciones ejercitables durante todo agosto, la TRM siguió cayendo, de $3.157 a comienzos de mes a $3.127,51 el 14 de agosto. Por ahora, la revaluación le gana la mano a la intervención.
Propal apaga la última máquina. El mismo 31 de julio, Carvajal Pulpa y Papel radicó su liquidación judicial ante SuperSociedades y cerró su planta de Guachené, en el Cauca. Con ella desaparece el último productor de papel a escala industrial del país: de aquí en adelante, el mercado colombiano se abastece enteramente de papel importado.
Aquí los datos son contundentes y vienen de la propia empresa. El presidente de la Organización Carvajal, Pedro Felipe Carvajal, resumió el cierre en tres factores: sobreoferta global que hundió los precios internacionales del papel, costos de producción al alza y, el que nos ocupa, la revaluación del peso. Su frase es la radiografía completa: «Cuando se tomó la decisión de la interrupción de la planta 1 en Yumbo se tenía un dólar de 4.200 pesos; hoy hemos visto tasas de 3.200». Ese movimiento del dólar le quitó margen tanto en el mercado local como en exportaciones. Y para cuando este paper llega a sus manos, la TRM ya marca $3.127.
Lo notable es que Propal hizo todo lo que un manual recomendaría. Invirtió más de $240.000 millones en planes de eficiencia y diversificación. Consiguió que el Gobierno impusiera derechos antidumping a las resmas brasileñas en mayo de 2025. Pero nada alcanzó: cuando llegaron las medidas contra Brasil, las importaciones entraron desde Portugal, China e Indonesia, y solo el papel bond importado creció 259% frente al periodo 2018-2021. Sus ingresos cayeron 51,3% en 2025. La protección arancelaria fue anulada por la tasa de cambio: de nada sirve un arancel de 54% si el dólar barato abarata de entrada todo lo importado.
Mallplaza se queda con Gran Plaza. El 31 de julio, Mallplaza (operadora de centros comerciales ligada al grupo chileno Falabella) firmó un acuerdo vinculante para comprar ocho centros comerciales Gran Plaza por COP 1,17 billones (US$376 millones), sujeto al aval de la SIC. La contraparte es Pactia, el fondo inmobiliario de Grupo Argos, Protección y Conconcreto. Con la operación, Mallplaza más que duplica su presencia en el país: pasa de 5 a 13 centros comerciales y suma 180.000 m² de área arrendable, con un NOI cercano a $111.000 millones anuales. Es la mayor transacción de centros comerciales en la historia de Colombia.
Y no es un hecho aislado. En las mismas semanas, Brookfield vendió las plantas solares e hidroeléctricas de Isagen por US$590 millones y la Fintech Duppla cerró una ronda de US$60 millones liderada por la brasileña Patria Investments. El patrón que se repite es claro:
capital extranjero moviéndose sobre activos colombianos.
La revaluación: ¿el mecanismo que asfixia?
Quien crea que Propal es un caso aislado debería mirar el panorama completo, porque los números del conjunto ya dibujan lo que la papelera vivió en carne propia. El Banco de Bogotá ubica a textiles, papel y cuero entre los sectores con menores ventas al exterior, y documenta que las exportaciones industriales se desaceleraron de crecer 10,6% en 2025 a apenas 1,7% en los primeros cinco meses de 2026. Esos resultados no indican un bache, es el motor que se apaga, y si a ello se agrega el otro lado de la moneda, el impacto es brutal. Mientras la manufactura crecía 1,7%, el comercio (que vive de importar) avanzaba 12,1%, con ventas disparadas en electrodomésticos y electrónicos, justo los bienes que la producción nacional ya no logra defender. La misma fuerza que llena las vitrinas de productos importados vacía las plantas que competían contra él.
¿Cuánto de esto es efecto de la revaluación? El tamaño del movimiento del dólar lo explica en buena parte. Frente al mismo día de 2025, el dólar cae 22,21% ($893 menos por cada dólar), y en lo corrido de 2026 acumula una apreciación de 16,76%. La TRM de este 14 de agosto quedó en $3.127,51. Para un exportador que cobra en dólares y paga nómina, energía e insumos en pesos, ese movimiento es la diferencia entre márgenes positivos y negativos (el mismo salto de $4.200 a poco más de $3.100 que Carvajal señaló como detonante del cierre). Lo dramático en el caso de Propal es que es una causa que ningún plan de eficiencia alcanza a compensar. Carvajal invirtió más de 240.000 millones de pesos en eficiencia y diversificación, y aun así los ingresos de Propal cayeron 51,3% en 2025.
Y, como si lo anterior fuera un detalle menor, a la presión cambiaria se le suma un frente arancelario que corre en paralelo. Desde el 24 de julio de 2026 Estados Unidos aplica un arancel adicional de 12,5% a los productos colombianos no excluidos, resultado de una investigación de la USTR bajo la Sección 301. Conviene la precisión para no exagerar: el gravamen sustituye el recargo general del 10% vigente desde febrero, de modo que el incremento real es de 2,5 puntos porcentuales. Pero su golpe está muy concentrado, Analdex calcula un sobrecosto potencial de unos US$80 millones, con las flores como el sector más expuesto (42,8% del universo analizado) seguido de los derivados de aluminio. El arancel castiga más al agroexportador que a la manufactura, pero el mensaje de fondo es el mismo que atraviesa este paper:
el productor colombiano que vende afuera enfrenta hoy dos vientos en contra a la vez, y ninguno de los dos lo eligió él.
La respuesta a la pregunta del subtítulo, entonces está dada por el veredicto del propio mercado que se está manifestando, planta por planta. Propal es el primer nombre grande de una lista que las cifras de manufactura anticipan. En el mismo cinturón industrial del suroccidente, a pocos kilómetros de Guachené, SuperSociedades ordenó en junio la liquidación del Ingenio La Cabaña, y aunque sus causas están más ligadas al precio del azúcar que a la tasa de cambio, es parte del mismo mapa de una franja productiva que pierde empresas una tras otra.
El punto de fondo: una política industrial que nadie decidió
La tesis de KapitalPaper es la siguiente: la revaluación del peso funciona como una política industrial de facto. Redistribuye ganadores y perdedores entre sectores igual que lo haría un plan diseñado en un ministerio, solo que sin ministerio, sin decreto y sin nadie que responda por ella. Pero el efecto es perverso: la revaluación mata a las empresas que producen en pesos y pone en oferta, en dólares, todo lo demás.
Una moneda fuerte hace tres cosas al tiempo. Abarata las importaciones, y con ello premia a quien importa o compite contra producto importado. Encarece las exportaciones en términos relativos, y castiga a quien produce en Colombia para vender afuera. Y vuelve inviable fabricar localmente lo que se puede traer más barato del exterior. Propal es el caso de manual, no la mató la ineficiencia, pues invirtió, se protegió, se diversificó, la mató una estructura de precios en la que producir en pesos y competir contra dólares baratos daba márgenes negativos.
El tercer efecto es el menos discutido y el más profundo. Para un comprador que razona en dólares, Colombia entera está en descuento. Un activo que renta en pesos (un centro comercial, una hidroeléctrica, una cartera de arriendos) vale hoy, medido en dólares, menos que hace tres años, aunque su flujo de caja sea el mismo. Eso convierte al país en un mercado de compras para el capital internacional. Falabella lo dijo sin rodeos:
«Colombia es y seguirá siendo un mercado muy atractivo». Lo es, en parte, porque está barato en dólares.
El país en descuento: ¿quién se está llevando los activos?
Si la revaluación asfixia por un lado a quien produce, por el otro abre la puerta a quien compra. Y esa puerta, efectivamente, se está usando. Quien crea que Mallplaza-Pactia fue un episodio suelto debería mirar el agregado: en lo corrido de 2026 se registraron treinta adquisiciones de empresas extranjeras sobre compañías colombianas, por US$2.656 millones. En el primer trimestre, el capital movilizado en fusiones y adquisiciones creció 189% frente al año anterior (superó los US$5.300 millones) aunque el número de operaciones cayó 38%. Menos negocios, pero mucho más grandes. Estados Unidos encabezó como origen de la inversión, con nueve operaciones por más de US$3.100 millones, seguido de Chile y Reino Unido. No es un goteo de casos aislados, por el contrario, es un cambio de escala. Y los propios asesores de estas transacciones lo dicen sin eufemismos: un peso más barato en dólares vuelve los activos locales una ganga para quien compra con divisa fuerte.
El “deal” que mejor resume el fenómeno no es inmobiliario sino de telecomunicaciones, y tiene un protagonista incómodo: el propio Estado. En enero, Empresas Públicas de Medellín vendió toda su participación en Tigo-UNE a la filial local de la luxemburguesa Millicom por 2,1 billones de pesos, unos US$571 millones. Con la operación, Millicom consolidó cerca del 100% de UNE, cerrando el proceso de desinversión pública que EPM adelantó bajo la Ley 226. Y no paró ahí: en la segunda fase de esa misma operación, el Estado colombiano decidió enajenar su 32,5% restante en Coltel (lo que fue Movistar), con lo que Millicom quedaría dueña de las dos marcas fusionadas en un solo operador. El patrón es idéntico al de Mallplaza-Pactia, solo que aquí el vendedor apurado por caja es público: un activo estratégico local pasa entero a manos extranjeras.
Hasta la minería estratégica cambió de bandera. La australiana South32 vendió Cerro Matoso, el único productor de níquel del país, a la turca CoreX Holding, por una contraprestación inicial simbólica y pagos futuros de hasta US$100 millones. Pesó más la estrategia global de South32 y el precio deprimido del níquel que la revaluación, pero el propio presidente de la compañía admitió operar con «una tasa de cambio que no favorece». Incluso los activos que sobreviven terminan cambiando de dueño.
Nótese el contraste que ninguna de las tres noticias, leída por separado, deja ver. Un fondo de capital antioqueño (Pactia, del mismo universo del antiguo GEA) reduce su exposición inmobiliaria. Un grupo chileno entra. La revaluación no solo desplaza exportaciones y empleo industrial: está cambiando de manos el patrimonio productivo del país, y lo hace en la dirección previsible, de dueños locales que necesitan liquidez hacia capital extranjero que encuentra oportunidades.
Las implicaciones: ¿qué hacer con esto?
Para el exportador y el productor que compite contra importados, la lección de Propal es incómoda pero clara: la protección arancelaria no compensa una tasa de cambio adversa. Si su modelo depende de que el dólar vuelva a $4.000, está apostando contra una fuerza (el carry trade) que los analistas ven sostenida en el mediano plazo. La decisión concreta no es esperar, sino revisar hoy qué parte del margen depende de la TRM y diseñar coberturas sobre el escenario de un peso que puede seguir fuerte.
Para quien tiene deuda o ingresos en dólares, el programa del Emisor aporta una referencia: revela la zona de precios en la que el Banco sale a comprar. No es una garantía (el peso puede seguir cayendo, como se vio en agosto), pero informa mejor una estrategia de cobertura que el precio de un solo día.
Para el dueño de activos que rentan en pesos (inmobiliarios, de infraestructura, carteras) la operación Mallplaza-Pactia entrega un comparable de mercado que antes no existía: cerca de $6,5 millones por metro arrendable, a un retorno anual próximo al 9,5%. Sirve para tasar una venta o un arriendo con un dato duro. Pero conviene entender el momento: si usted vende hoy, vende barato en dólares a un comprador que lo sabe. La pregunta no es solo a qué precio, sino por qué vender justo ahora.
La evidencia fáctica hoy es que nada de esto está resuelto. La pausa del Banrep y su programa de compra insinúan un techo a la revaluación, y un recorte del diferencial de tasas (si la Fed sube o el Emisor afloja) podría revertir el flujo. Las proyecciones lo reflejan: Bancolombia ve el dólar de vuelta hacia $3.600 en 2026; otros analistas lo sitúan en $2.900. Nadie sabe. Lo único cierto es que las decisiones de hoy (vender un activo, cerrar una planta, fijar una cobertura) se toman dentro de esa incertidumbre, no después de que se despeje el horizonte.
La tesis KapitalPaper
Colombia está viviendo una transferencia de patrimonio disfrazada de buena noticia cambiaria. La moneda más fuerte del mundo emergente no es el premio a una economía más productiva, es, como lo hemos desarrollado en los párrafos anteriores, el subproducto de un flujo financiero que, mientras dura, abarata las importaciones, asfixia a la industria que produce en pesos y pone los activos nacionales en oferta para el capital que razona en dólares.
Lo grave no es que exista esta política industrial de facto. Es que es huérfana: nadie la diseñó, nadie la defiende y nadie responde por ella. El debate público se entretiene en la pelea de turno (de quién es la culpa de que Propal cerrara) mientras la fuerza que de verdad mueve los mercados no aparece en esa discusión porque no tiene autor. Propal fue el primer nombre grande. Mientras el peso siga siendo el mejor negocio del carry trade global, no será el último en apagar sus máquinas, ni Gran Plaza el último activo colombiano en cambiar de bandera.
El nuevo gobierno hereda esta tensión sin un manual para resolverla:
un peso fuerte alivia la inflación y la deuda en dólares, pero vacía la industria y remata el patrimonio. Elegir qué proteger será, quiéralo o no, su primera política industrial de verdad.
Fuentes
Tasa de cambio y política monetaria: — TRM del 14 de agosto de 2026 ($3.127,51) y variación interanual (−22,21%): Colombia.com y Finanzas y Dinero, 14 de agosto de 2026. — Cotización de apertura y comparación semanal: Infobae Colombia, 14 de agosto de 2026. — Programa de acumulación de reservas del Banco de la República y decisión de tasa: reportes de prensa del 31 de julio–3 de agosto de 2026. Propal / Carvajal Pulpa y Papel— Liquidación judicial, cierre de Guachené y factores del deterioro: El Colombiano, El País (Cali) e Infobae Colombia, 31 de julio–4 de agosto de 2026.— Declaraciones de Pedro Felipe Carvajal (dólar de 4.200 a 3.200) y medidas antidumping: El Colombiano, 31 de julio de 2026.— Caída de ingresos (51,3%) e inversión en eficiencia ($240.000 millones): Envapack y Halcones y Palomas, 31 de julio de 2026. Industria y comercio exterior: — Desaceleración de exportaciones industriales y brecha manufactura-comercio: informe del Banco de Bogotá, vía Portafolio y Valora Analitik, agosto de 2026.— Apreciación acumulada del peso (Analdex) y crecimiento de la manufactura: El Colombiano, 3 de julio de 2026.— Arancel del 12,5% de EE. UU. (Sección 301) y estimación de sobrecosto: Portafolio, El Colombiano y Analdex, 23–27 de julio de 2026. Adquisiciones y activos: — Venta de Tigo-UNE de EPM a Millicom (USD 571 millones): Reuters vía DF Sud, Portafolio y El Espectador, 27–28 de enero de 2026; segunda fase Coltel/Movistar: Infobae, 5 de febrero de 2026.— Cifras de M&A 2026 (30 operaciones entrantes; +189% en el primer trimestre): Portafolio y Forbes Colombia, abril–mayo de 2026.— Venta de activos de Isagen por Brookfield Renewable (USD 590 millones): Halcones y Palomas, 31 de julio de 2026.— Venta de Cerro Matoso de South32 a CoreX Holding: El Colombiano, El Tiempo y Valora Analitik, julio–diciembre de 2025.— Liquidación del Ingenio La Cabaña: La FM, 20 de junio de 2026.— Operación Mallplaza-Pactia (Gran Plaza), NOI y comparables: datos según reportes de prensa de la operación, 31 de julio de 2026.



